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Escrito por Sura Lillo Mateo

Hablar de brujería es hablar de un conocimiento que ha sido perseguido y devastado a lo largo de la historia, Las brujas no eran mujeres malas, con verrugas y malas intenciones, muchas de ellas eran mujeres muy sabias que conocían las artes de la medicina natural, eran mujeres que ayudaban a traer al mundo bebés, eran las parteras de la comunidad, sanaban con sus manos y proveían de buenos consejos a quién pudieran necesitarlos. Eran mujeres medicina.Ellas suponían una amenaza para el poder pues dada la gran conexión y sabiduría que manejaban suponían un estorbo a los poderes patriarcales de dominio y control, por todo ello, fueron un blanco fácil, eliminarlas era eliminar las tradiciones ancestrales de las sociedades matriarcales.

Las mujeres quedaron profundamente heridas, pues el temor a ser asesinada o quemada en la hoguera ha sido un temor que ha traspasado las barreras del tiempo y de la historia. Para empezar la misma palabra BRUJA produce escalofríos cuando la escuchamos, no porque debamos temer a la brujería o a las brujas. La “Santa Inquisición” desacreditó a estas mujeres, ante el temor de no poder ejercer su poder totalitario sobre el pueblo, decidieron eliminar a las personas que manejasen cierta sabiduría, que conociesen la magia de las plantas, de la medicina y el rezo. Estas mujeres eran un ejemplo para su comunidad y eran las encargadas de nutrir vida, su sabiduría era el resultado de una conexión directa con la madre tierra y la luna. Estas personas eran en su mayoría mujeres, que habían aprendido todo lo que saben de su madre o de su abuela o pariente femenina cercana. Ese conocimiento era el legado que provenía de sus ancestros que también ejercieron estas artes de curación naturales.

La transmisión de generación en generación se vió quebrada al sacar a las mujeres de sus hogares para insertarse en el mundo laboral. Algo que muchas mujeres están pagando un alto precio para mantener el Status-Quo que se les ha sido impuesto. Es prácticamente imposible ejercer el rol de madre cuando la sociedad y el sistema Capitalista nos mantienen atrapadas en la necesidad de ser productivas e independientes económicamente. Pero esta falsa libertad e independencia nos aleja de nuestra naturaleza intima. Por eso muchas mujeres enfrentan la maternidad como un hándicap, sobrellevando el peso de ser madres y profesionales bajo niveles de estrés muy elevados, afectando a su vida en pareja desembocando en separaciones muy traumáticas. Aquí la mujer se siente muy sola y perdida, viviendo la maternidad bajo una violencia y decepción soterradas.

La vida en las grandes ciudades dificulta aún más el que podamos llevar una vida armoniosa con nuestra propia naturaleza. Estamos separados unos de otros y esto nos obliga a delegar la educación de nuestros hijos a instituciones oficiales que no siempre aciertan en la forma en la que nuestros hijos han de ser educados. El sistema educativo está obsoleto y retrasado para poder brindar una educación de calidad a muchos niños que nacen con una impronta genética más avanzada, estos niños no encuentran referentes que les guíen hacia la manifestación de sus cualidades y talentos.

LA NATURALEZA ÍNTIMA DE LA MUJER

La mujer por su naturaleza femenina es de por sí receptiva, ella debe tener despierta una intuición instintiva profunda, eso la capacitaba para el entendimiento de la agricultura, la medicina, la educación… A esa clase de Mujer Despierta, se las llamó “Brujas” solo porque resultaban una amenaza fueron aniquiladas. Estas mujeres reconocían la importancia de la madre naturaleza y la Luna, para ello se reunían y celebraban rituales de agradecimiento a la luna por su sabiduría, reconocían que su fuerza e influencia les daba información de cuando sembrar, que plantar…..de esa forma también armonizaban sus cuerpos con la madre tierra como un reflejo de su energía de vida y fertilidad. La luna era una aliada en su supervivencia. Ellas sabían los códigos de cómo vivir de acuerdo a las fases lunares.

La luna está dentro de cada mujer en sus ciclos menstruales, así ellas entregaban su sangre a la tierra las noches de luna llena, constatando así su sincronía con la Gran Madre Luna y con la tierra. Hoy en día incluso para muchas mujeres la conexión con sus propios ciclos naturales es desgraciadamente un misterio. La medicina convencional está ejerciendo el control sobre las mujeres, controlando sus ciclos menstruales recetando la Píldora, controlando su fertilidad y embarazo de formas totalmente antinaturales. Estos medios de control son incluso peligrosos para el buen funcionamiento del organismo y la psique tanto de la mujer como del bebe. Esto impide a la mujer la oportunidad de controlar sus propios ciclos conscientemente creando mucho sufrimiento por la falta de comprensión de su propia naturaleza. Es vital que nos conozcamos a nosotros mismos y que establezcamos una conexión más despierta con nuestro cuerpo y nuestro entorno.

Todo ciclo responde a la manifestación del equilibrio natural, así las estaciones nos muestran la consecución de los ciclos de nacimiento, crecimiento, vida y muerte, entendiendo cada fase como transformación, como fuerza impulsora para la manifestación infinita de un ciclo tras otro. Toda mujer está preparada crear nuevas formas de vida, su cuerpo está diseñado para crear vida, por supuesto con la ayuda del hombre en el acto de la concepción. El hombre debe descubrir las cualidades específicas de su propia naturaleza y adaptarse a ellas. El hombre ha de participar activamente en el entendimiento de la naturaleza profunda femenina que es la mujer y también interesarse por descubrir sus propios misterios, conectarse con su parte femenina, honrarla y respetarla. Esto facilitaría un mayor entendimiento entre el hombre y la mujer desterrando toda posibilidad de violencia entre ambos sexos. El hombre y la mujer son espejos que reflejan su naturaleza mutua: femenina y masculina. Solo cuando ambos entienden esto, la armonía entre ellos puede hacerse realidad. No olvidemos que la existencia es una consecución de los ciclos, los cuales nos llevan a tener que adaptarnos a los cambios permitiéndonos crecer y evolucionar como especie.

EL PARTO

El parto es una iniciación para la mujer, traspasar el umbral de ser mujer a ser madre es uno de los mayores regalos a los que la mujer por su naturaleza tiene acceso, negarle el derecho de vivir un parto consciente es una amenaza que atenta contra su naturaleza. Es lamentable la forma en que las mujeres dan a luz hoy en día, bajo los efectos de drogas que la mantienen dormida en un momento tan sagrado como es el nacimiento de un nuevo ser. Además la postura que la mujer adopta al dar a luz solo beneficia al médico, así la mujer ha de hacer un mayor esfuerzo que si diera a luz en cuclillas. Es muy normal programar partos con cesarea que solo benefician la agenda programada de los profesionales.

La forma en la que venimos al mundo determina como vamos a vivir nuestra vida. Cuando un ser viene por cesarea le queda grabada en su impronta una falta de fuerza para enfrentarse a la vida. La madre ha de estar en un ambiente armonioso, vibrar en la tranquilidad en la fuerza, para que esto pueda ser transmitido al nuevo ser que va a nacer. En el momento del nacimiento queda impreso en el sistema nervioso del nuevo Bebé el estado emocional de la madre. El parto es una ceremonia a la propia vida, es nuestro derecho tener un parto natural, un parto donde nos sintamos tranquilas y seguras, donde estemos conscientes de lo que tenemos en nuestras manos.

El embarazo ha de ser un tiempo de sanación para la mujer, pues ella es uno con el bebé. Si somos conscientes de esto podemos ayudar mucho a nuestros futuros hijos. El embarazo y parto son momentos sagrados, donde debemos cuidarnos y crear un espacio de bienestar. El dolor del parto ha de ser transmutado en el placer del nacimiento. Cuando enfrentamos ese dolor podemos reconocer nuestra fuerza infinita. El parto es un renacimiento para la mujer, una transformación profunda tiene lugar. Es vital que volvamos a conectarnos de nuevo con leyes naturales del cambio y transformación.

LA CONEXIÓN CON LA TIERRA Y LAS FASES LUNARES

Si vivimos en este maravilloso planeta es vital que entendamos los procesos que mantienen el equilibrio y vida naturales, cuando la naturaleza del hombre es una amenaza a la naturaleza intima de la tierra entonces esto crea un desequilibrio tal que nos desconecta de las verdaderas razones por las cuales estamos aquí.

Hoy en día podemos constatar las consecuencias devastadoras a las cuales nos han llevado actitudes destructivas e inconscientes de los hombres en su afán de poder y control. Pero no debemos olvidar que las leyes de la naturaleza son inmutables y el equilibrio ha de restablecerse pese a todo. Aunque esto suponga la destrucción de todo lo creado de forma artificial. Por todo ello es importante que conozcamos y nos acerquemos a la naturaleza, que conozcamos la magia del reino vegetal, las plantas, de la medicina y el rezo.

Todas las plantas son medicina, solo debemos conectarnos con el reino vegetal, observar la naturaleza como una parte de nosotros mismos y armonizarnos con ella. Volver a celebrar las estaciones, entendiendo sus mensajes profundos. La luna y sus misterios pueden ayudarnos a entender que dentro de nosotros conviven múltiples arquetipos que nos conforman y que en la manifestación de cada uno de ellos, podemos detectar una sincronía con la Tierra. Entender esto nos lleva a interesarnos en la naturaleza y comprender que ella es nuestra medicina.

La mujer por su naturaleza femenina es de por sí receptiva, ella debe tener despierta una intuición instintiva profunda en sincronía con las fases lunares y sus propios ciclos, eso la capacitaba para el entendimiento de la agricultura, la medicina, la educación….permitiendo que el equilibrio se re-establezca con el apoyo infinito de la propia Madre Naturaleza

Esa clase de Mujer Despierta es de nuevo necesaria para que podamos convertir nuestro hogar, LA TIERRA, en un lugar de amor y de paz.

Fuente:

Mujer Despierta

Círculo de mujeres

“El efecto que el círculo produce en las mujeres que lo forman, y el efecto que estas mujeres tienen es una influencia al mundo que se expande como anillos concéntricos…
Si hay mujeres que aprenden unas de otras, las creencias y las manera de como se hacen las cosas pueden cambiar.”


Jean Sinoda Bolen

Me gusta ser mujer

Yo tendría 10 u 11 años, pasaba las tardes con la hermana mayor de mi madre, mientras esta trabajaba. En la tele daban un programa de una actriz llamada Nacha Guevara, conocida como cantante, transgresora, y por sobre todo, muy, muy hippie.
Esta mujer presentaba un programa llamado “Me gusta ser mujer” algo se puede ver en YouTube aún. Pues empezaba el programa escribiendo una frase reveladora en un espejo con una barra de labios, y siempre acababa diciendo el título del programa.
A mi me hacía muchisima gracia, primero porque en casa de mi tía parecía patético, y en la familia en general. En una familia de “Oír, ver y callar” donde casi todo era pecado, inmoral, ilegal, o simplemente mal visto. Donde nunca se hablaba de sexualidad, de amor, de compromiso, de parto, de lactancia, de sensaciones o emociones…
Cuando tenías la regla por primera vez te hacían un regalo, de lo mas estúpido, decían que te hacías “señorita” pero no te daban mas explicaciones para adaptarte a la incómoda situación una vez al mes. Eras avergonzada cuando se fijaban en tus pechos, juzgada si te gustaba un chico. Corría el año 1991, y yo me reía de aquella mujer por unos principios que no eran mios.
Pase una niñez, una adolescencia con pocas amigas. Era mas de amigos, porque me había criado con un hermano 8 años mayor que yo. Pasaron muchos años, hasta mi embarazo y posterior maternidad, para que comenzara a buscar a otras mujeres. Mi suegra me contaba cosas que yo necesitaba saber, de las que nadie me había hablado con naturalidad. Necesitaba encontrar otras mujeres como yo, en camino al autodescubrimiento. Tenía sensaciones y experiencias que necesitaba contar, que necesitaba oír de otras compañeras de ruta.
Comencé dando el pecho con una conocida que tenía una niña días mas pequeña que la mía. Seguí trabajando con una mujer embarazada de una niña muy buscada, que había perdido antes 3 niños. Y poco tiempo después, los cimientos de Ojana comenzaban a asomar, en reuniones donde unas pocas nos juntábamos con nuestros hijos… el resto es historia conocida por todas.
Ayer acudí con una compañera de Ojana y su cuñada a una reunión de “La tienda Roja” que para quien no lo sepa, recrea un poco la unión de las mujeres en la época que durante su período eran recluidas, y aprovechaban la ocasión para compartir experiencias con el resto de las mujeres, conversando, creando y nutriéndose de la compañía mutua.
Allí estaba yo, sentada en el suelo, hilando con paciencia un collar uterino, en compañía de mujeres que jamás había visto, compartiendo té, vivencias, charlas, anhelos… en pocas palabras “Complicidad”.
Me vino a la cabeza aquel programa de televisión del que me reía siendo una niña, en compañía de una mujer reprimida y amargada… se me dibujó una sonrisa en el rostro, me di cuenta de 2 cosas. De que ese era el típico lugar donde encontrar a Nacha Guevara, y que estaba encantada de estar allí.
Reconocerme en el espejo, a través de los ojos de mi hija, en la sonrisa de mi marido… reconocerme una fémina, con todo lo bueno y todo lo malo. Con los días dificiles, los cambios de humor, la risa y las lágrimas, de palique con mis amigas, acariciando la cabeza de mi hija, de la mano con mi pareja por la calle, sonriendo a niños que no conozco en la calle, tomando la fiebre con la mano en la frente de mis compañeros de trabajo. Todo aquello de lo que pase años renegando, hoy me hace sentir plena.
Aquello que intentaron inculcarme tantísimos años, sobre que no sentir, que no hacer, que no decir, perdió toda su fuerza ante la emoción de ver por primera vez a mi hija. Era madre de una personita que me necesitaba, que no se fijaba ni como vestía, ni que decía, ni quienes eran sus amistades, una personita que no me juzgaba (supongo que ya tendrá tiempo de hacerlo jajjajaja). Ayer decíamos que cuando nace un hijo nace una madre. Creo que en mi caso, además nació una mujer. Y ME GUSTA SER MUJER!!!

Es una alegría poder ver anuncios como éste, que apoyen y promuevan la lactancia materna. Aunque no es el ideal, ya que los niños aparecen en el nido, solos, lo que no beneficia para nada a la buena implantación de la lactancia, y sólo se habla del primer año de vida, cuando lo recomendado por la OMS, es al menos los dos primeros años.

P1010043Estas semanas algunas madres de la asociación Ojana están colaborando con “La Buena Leche”, en el colegio Verdemar de Corbán, en una actividad destinada a mostrar a los niños en qué consiste la lactancia materna, de forma amena y divertida  enseñan a los más pequeños la manera más natural de alimentar a nuestros hijos.

Los alumnos disfrutaron de unas diapositivas y videos de diversos animales mamiferos y de como éstos alimentaban a sus crias, para acto seguido, observar como lo hacian las mamás y sus bebés.

Los niños hacen preguntas a las mamis:P1010053¿Lloran mucho? ¿Qué más comen?

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¿Muerden? ¿Hacen daño? ¿Tienen alguna discapacidad?

La verdad es que los niños nos sorprenden a cada rato…

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Después  los niños  plasman en un dibujo, lo que han obsevado y/o aprendido este día.

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Tenemos la oportunidad de disfrutar de este momento gracias a la asociación “La Buena Leche” y al colegio Verdemar y sus maravillosas maestras…gacias!!

Para celebrar la semana mundial de la lactancia materna, la asociación La Buena Leche realizó un taller de portabebés impartido por Sol, miembro de Red Canguro y Presidenta de la asociación Itaca. Por supuesto allí estuvo Ojana, disfrutando con más papás y mamás y aprendiendo nuevos nudos.

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Para empezar Isabel, socia fundadora de La Buena Leche, nos hizo una pequeña presentación del taller, nos recordó los beneficios de la lactancia materna y del cuerpo a cuerpo con los bebés, y nos presentó a Sol, encargada de impartir el curso

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Comenzamos con un poco de teoría, el concepto del continuum, las posturas correctas para un recién nacido, distintos tipos de portabebés, beneficios de la lactancia materna…Y después todos a practicar!!!

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Hasta los más pequeños se animaron con los portabebés!!!

La verdad es que fué una gran oportunidad y siempre es un honor y una suerte acudir a un taller impartido por Sol. Aprendimos muchísimo sobre los beneficios del porteo, no sólo físicos, que son muchos, sino también emocionales. La importancia del cuerpo a cuerpo para nuestros bebés, el sentirse recogidos, cuidados, protegidos, sostenidos…nada mejor para ellos que estar “aúpa” con papá o mamá

Desde Ojana os invitamos, siempre que tengáis la oportunidad, a acercaros a Castro a una de las reuniones de la asociación Itaca, merece la pena conocer a estas mujeres y sus pequeños, y aprender y recorrer con ellas el maravilloso camino de la crianza con apego

CB107538Todos hemos oído hablar de las rabietas. Hablamos de ellas con total normalidad, como algo completamente integrado en nuestro día a día, y los que somos padres nos preguntamos unos a otros con naturalidad “¿tu hijo ya ha empezado con las rabietas?” como cuando preguntamos si les han salido los dientes o si ya sabe ir en bicicleta.

Ahora bien… ¿qué es una rabieta? Rabieta viene de rabia… para mí una rabieta es una demostración explícita y explosiva (con rabia, con ira) de un malestar, de un desacuerdo,  sea éste importante o no a ojos de quien contempla el cuadro. Y rabietas las tenemos todos, niños y adultos. Lo que ocurre es que a medida que nos vamos haciendo mayores vamos aprendiendo a canalizar la rabia y los enfados, vamos comprendiendo más nuestro entorno y el por qué a veces las cosas no son como esperamos, y sobre todo… aprendemos a no demostrar muchas de las cosas que sentimos porque parece ser que no está bien visto.

Pero ¿cuándo se produce una rabieta y por qué? Es una rabieta esa escena en una tienda de un niño gritándonos enfadado que quiere ese juguete, lo quiere, lo quiere y lo quiere; o el otro que se tira al suelo porque no quiere irse del parque; o la niña que da patadas al aire mientras grita “No te quiero”; o la que tira al suelo a manotazos un puzzle a medio montar. Pero también tiene una rabieta ese adulto que pega un puñetazo en la mesa mientras habla con el asesor técnico de su compañía telefónica, o el conductor que le grita y le da bocinazos al de delante porque no va más rápido. En realidad, se producen las rabietas fundamentalmente cuando nuestro enfado o nuestro malestar no encuentra una salida lógica. Cuando nos quedamos sin argumentos, cuando nuestra rabia es tan grande que sólo nos queda abrir la válvula de escape. En los adultos pasa menos porque, como ya he dicho, somos capaces de comprender mejor las cosas que van pasando a nuestro alrededor, de otorgarles una explicación y tenemos mayor capacidad de espera. Pero en los niños no ocurren estas cosas, y aun en el caso de que comprendan, de que entiendan que tienen que esperar, que hay que ir a casa porque hay que cenar, que se den cuenta de que el puzzle no tiene la culpa de que ellos no encuentren la pieza correcta, aun en esos casos, los niños no saben “aguantarse” la rabia. La rabieta es la expresión de sus sentimientos, de la frustración que están sintiendo en ese momento porque no pueden obtener aquello que desean… y es legítimo que lo expresen. No podemos pretender que, además de amoldarse a nuestras necesidades, ritmos y tiempos, además de intentar aprehender conceptos como el tiempo y la generosidad, se queden callados, tendremos que aceptar que lo único que les queda, en muchas ocasiones, es “el derecho al pataleo”, en su más gráfica acepción.

En general, coincido con Aletha Solter en que la mayor parte de las situaciones que provocan esas rabietas en nuestros hijos se pueden agrupar en tres tipos:

  • El niño tiene una necesidad básica (hambre, sed, sueño…) que o bien no estamos viendo o bien, aunque la veamos, no podemos satisfacer en este momento. Imaginemos a un niño de 3 años con hambre, en coche, camino a casa y en un atasco… aunque sepamos que tiene hambre y lo comprendamos, probablemente no podamos solucionar el problema; lo más habitual será una rabieta por parte del niño… ¿qué haremos? ¿reñirle por tener hambre? ¿reñirle porque llora? ¿gritarle?… nada de lo que hagamos le saciará el hambre).
  • El niño tiene información insuficiente o equivocada de la situación en la que nos encontramos. O bien pensaba que íbamos a quedarnos más rato en el parque, o no comprende por qué hoy, precisamente hoy, tenemos prisa en el súper con lo mucho que le gusta a él jugar en el carrito, o quizás él quería comprar cereales y nosotros sólo hemos entrado a por detergente. Pararnos a escuchar qué es lo que quiere o necesita (quizás sea cierto que se han acabado los cereales), así como explicarle con antelación que hoy vamos corriendo porque tenemos médico, o peluquería, o enseñarle un reloj y explicarle a qué hora dejaremos el parque puede ahorrarnos un mal rato a los dos.
  • El niño necesita descargar o liberar tensiones, miedos o frustraciones presentes o pasadas. Muchas veces los niños “aprovechan” cualquier mínimo detalle para entrar en una rabieta. Puede ser que estén enfadados o angustiados por cualquier otra cosa y la situación actual sólo sirva de detonante. Tal vez algo que ocurrió en la escuela, donde no se siente tan seguro como en casa, no sale hasta que está con nosotros, en confianza absoluta. En este caso, al igual que en los anteriores, cortar la expresión de rabia no va a hacer más que aumentar el malestar y dilatar en el tiempo la descarga.

Así, desde este punto de vista, no encuentro demasiadas situaciones “enrabietadas” que me parezcan dignas de reproche. Son, sencillamente, señales de alarma. Oportunidades. Para nosotros. Para intentar comprender qué nos está pidiendo nuestro hijo. Para saber si necesita algo de nosotros, tal vez algo material, pero quizás sólo una explicación para que el mundo tenga un poco más de sentido. Quizás, tal vez, sólo un poco más de tiempo con nosotros, o de tiempo a secas.

Así que, ante la pregunta de qué hacer cuando un niño tiene una rabieta, mi respuesta suele ser: nada. Es decir, comprender que es una demostración de lo que está sintiendo, y que por mucho que hagamos, no va a dejar de sentir. Podemos ignorarlo, reñirle, gritarle o castigarlo, y probablemente consigamos que no tenga rabietas, o que las tenga menos frecuentemente, o que las tenga menos vehementes, pero no conseguiremos que deje de sentirse mal por lo que está ocurriendo. Y conseguiremos, además, que se sienta culpable por sentirlo, cuando es absolutamente razonable que a veces se sienta disgustado. Así, ante un episodio como los que he descrito anteriormente, o cualquier otro similar, lo mejor que podemos hacer es esperar que pase, hablar con nuestro hijo si nos deja, decirle que entendemos que se siente mal por esta o aquélla razón, dar alternativas si existen, cogerle en brazos o sentarnos a su altura y aceptar el dolor que nos está mostrando. Al fin y al cabo, está siendo absolutamente sincero con nosotros, nos está confiando sus sentimientos y sus emociones, y no podemos hacer menos que aceptarlos. Ponernos de su parte, sufrir con ellos la frustración, ser realmente sus cómplices en un momento amargo será la mejor manera de que vayan comprendiendo el mundo, y lo harán con confianza plena en nosotros, que creceremos también si aprovechamos la oportunidad para profundizar en la comunicación con nuestros hijos.

Por Nuria Otero Tomera

Fuente: http://proyectomaterna.es/

parto-del-hombre-nuevoProbablemente la mayoría de vosotros sabéis que Estados Unidos ha sido el primer país en la historia que ha eliminado la profesión de comadrona. Siguiendo el liderazgo de Estados Unidos, Canadá fue el segundo país, haciendo de la mayor parte del continente de América del Norte un territorio ilegal para el ejercicio de la profesión de comadrona. Sólo la barrera lingüística y las profundas diferencias culturales entre Estados Unidos y México protegió a las «parteras» mejicanas de este fenómeno. La aniquilación de la matronería fue un experimento social de carácter masivo que, durante un largo período, causó para las mujeres la pérdida de una fuente de conocimiento sobre las capacidades de sus propios cuerpos. Generaciones sucesivas de mujeres norteamericanas no creían que podían dar a luz sin fórceps, analgésicos, hospitales, doctores y episiotomías. Por otra parte, ya nadie creía que la leche materna fuera buena, ya que muy pocos médicos sabían algo sobre la lactancia materna. Siguiendo los consejos de sus médicos, las mujeres muy obedientes, alimentaron a sus hijos con leche de vaca, creyendo que esta alimentación produciría niños más sanos que los niños alimentados con su propia leche. Todos estos cambios radicales sucedieron en el mismo período en que las mujeres norteamericanas obtenían por primera vez el derecho de voto. De hecho la matronería había sido ya destruida en EU y Canadá antes de que las feministas se dieran cuenta de cuán importante era una matronería fuerte y autónoma para proteger el conocimiento y la sabiduría de las mujeres en cuánto a su capacidad de parir y amamantar. Las feministas tenían en esa época muchas otras prioridades, por lo cual los temas ligados al nacimiento no emergieron durante un largo período. Durante la primera parte del siglo XX, fue difícil para las mujeres darse cuenta de que no eran los hospitales y los médicos los que hacían que un nacimiento fuera más seguro que 100 años antes. No tenían consciencia de que eran las mejores condiciones sanitarias, el agua potable, las mejores vías de comunicación y de accesibilidad, junto con la técnica de transfusión sanguínea las que contribuyeron a reducir constantemente las tasas de mortalidad materna entre 1936 y los años 1970 y no el hecho de que 99% de los nacimientos fueran hospitalarios. Cuando las mujeres comenzaron a entender esto, reaccionaron en contra de la deshumanización de los partos hospitalarios, quedándose en sus domicilios para dar a luz con amigas que escogían para oficiar de comadronas. Este fenómeno cogió por sorpresa al cuerpo médico. El movimiento de parto natural que comenzó en los años 60 demostró que las mujeres podían, mediante la organización y la acción directa resucitar una profesión que había sido despreciada y rechazada. Cuando mujeres norteamericanas -como fue mi caso-, descubrimos formas de aprender a ser comadronas, supimos que Europa y el resto del mundo no habían seguido el ejemplo de EU y que por el contrario, habían mantenido la profesión, y en el caso de los países más avanzados, habían formalizado la formación de comadronas. Quizás no puedan imaginar cuán excitante fue para nosotras, en EU, saber y darnos cuenta que la matronería había sobrevivido en todas partes. Comencé a entender que las comadronas en Europa no habían sobrevivido en todos los casos con su profesión intacta. Por «intacta» entiendo con el tipo de autonomía que nosotras por lo menos en nuestro pueblo, consideramos necesaria. Pero con una profesión legal y aparentemente floreciente en todos los países europeos, pensamos que los europeos estaban más adelantados que los americanos y que habían evitado la pérdida de los conocimientos acerca del parto que habían sufrido las mujeres en EU y Canadá. Esta pérdida del conocimiento que produjo un incremento tan importante de cesáreas y de partos instrumentados. Empecé a ser consciente de los efectos de la globalización en el nacimiento a través del mundo cuando leí acerca de cómo los grupos hospitalarios americanos compraban hospitales en cualquier país rico donde había hospitales para comprar. Este fenómeno me chocó y me preocupó, porque supone que estas empresas estaban lanzando sus tentáculos tan lejos como podían y -si la gente y los gobiernos se descuidaban-, las corporaciones americanas iban a influenciar la atención sanitaria en países que estaban actualmente brindando una mejor atención sanitaria que la que muchos ciudadanos americanos reciben. De la misma manera que la firma MacDonalds se expandió en el mundo como una enfermedad contagiosa, así el estilo «MacParto» de atención a la maternidad empezó a remplazar mejores y más saludables sistemas locales de atención materno-infantil. La característica clave del modelo «Macparto» es la utilización frecuente de drogas farmacéuticas y de tecnología médica que genera ingresos a ciertas empresas. Digámoslo claramente: un alto porcentaje de partos sanos, naturales en cualquier país es una mala noticia para estas empresas. Sin embargo, esto es bueno para la salud pública, y esto es lo que debemos subrayar a la población, a los ministros de salud y a los gobiernos de nuestros propios países. Las empresas no colocan a la salud pública entre sus prioridades. Nosotros lo sabemos cuando vemos el crecimiento incontrolado y la extensión de la biotecnología, de los alimentos y los medicamentos genéticamente modificados, la energía nuclear, los tratamientos hormonales substitutivos, la medicina de la fertilidad, la cirugía estética, impresionantes campañas de marketing para vender todo lo citado a gente que realmente no necesita de estos productos y servicios. Los beneficios son el único motor de estas empresas y debemos ser conscientes de ello. El sueño de las empresas en cada país del mundo sería que las mujeres planifiquen la fertilidad desde su más temprana edad tomando pastillas anticonceptivas hasta que estén listas para tener una familia, que programen sus partos por cesárea precoz, que aquellas que quieran parir por vía vaginal deban justificar su opción, que la depresión postparto que resulte sea tratada con drogas, que todos los bebés sean alimentados con alimentos especiales, que las mujeres tomen hormonas durante la menopausia y continúen tomando por el resto de sus días. Por todo ello, vale la pena estudiar lo que ocurrió en EU a principios del siglo XX, en un tiempo en el que las mujeres aprendieron a temer sus propios cuerpos. Cuando las mujeres respetan sus propios cuerpos y entienden como acceder a su química interna para facilitar el parto y la lactancia, las estrategias de marketing no funcionan. Es fácil difundir miedo a través de los medios de comunicación. Hollywood lo ha demostrado. Cuando analizamos el crecimiento de las tasas de cesáreas en la mayoría de los países europeos en las últimas dos décadas, debemos reconocer que las películas americanas y los programas de televisión tienen una gran responsabilidad en la difusión y el marketing de la tecnología en torno al parto y al nacimiento. Debemos ser muy creativos e inteligentes cuando ideamos estrategias para convencer a las mujeres de que sus cuerpos no son máquinas deficientes y que la manera más cara no es siempre la mejor manera. De lo contrario, el mundo de pesadilla que creamos nos destruirá a todos. Yo sugiero que hagamos el mundo para las generaciones futuras protegiendo el principio básico de las comadronas que creen que el cuerpo de las mujeres ha sido maravillosamente creado para realizar el acto de dar a luz y que enseñemos a las mujeres (y al público en general) cómo el parto institucional tiende a socavar la confianza de las mujeres en sus propias capacidades. Esta será una gran tarea, pero yo creo que es realizable.

Ina May Gaskin

Extraído de la web Casa de Naixements

Una persona muy mayor me contó hace ya algunos años como en su pueblo en verano las mujeres se sentaban a la fresca en la puerta, en corrillos, sacando a la calle las sillas de casa y dejando que los niños jugaran y corretearan alrededor.

Es algo que todavía se puede ver, incluso en ciudades tirando a grandes como en la que yo vivo.

Pero lo que ya no se suele ver es lo que me contaba esta señora: muchas madres recientes dando el pecho en ese corrillo a los bebés más pequeños.

Una pena, probablemente era una manera estupenda y de lo más natural de que las futuras madres aprendieran a tratar y alimentar a sus bebés.

Por mucho que te expliquen como colocarte a un recién nacido a la teta en los cursos de preparación al parto, lo mejor es crecer viendo a distintas mujeres hacerlo con toda naturalidad.

Pero lo que creo que se ha perdido del todo son los hermanos de leche.

En aquellos lejanos tiempos, en un pueblo entre montañas, sin acceso a leche de fórmula, un recién nacido sólo podía tomar pecho si quería asegurarse salir adelante sano y fuerte.

El padre de un amigo, cuya madre murió en el parto, fue alimentado por todas las mujeres del pueblo que estaban dando el pecho. Era hermano de leche de prácticamente todos sus compañeros de quinta.

Pero en esos tiempos había muchas circunstancias, ni mucho menos tan terribles, que hacían que una madre lactante alimentara a un bebé que no era el suyo.

Era por lo visto muy frecuente que si una mujer tenía que ausentarse unas horas o un par de días, una amiga, vecina o hermana se encargara de dar el pecho a su bebé durante su ausencia. Y eran favores que se devolvían.

Tu buena vecina, de confianza, se iba a lavar a un río algo lejano, a su hijo le entraba hambre, y le ponías a tu pecho sin ningún problema. Y otro día tú ibas a atender algún asunto propio, y te pagaba con la misma moneda.

Y esos bebés crecían como hermanos de leche.

Y seré una idiota, pero me parece algo muy bonito.

Además, existían las amas de cría: una profesión que incluso se anunciaba y solicitaba en la prensa de la época.

Me da la impresión de que, en los últimos tiempos, estamos recuperando la lactancia materna. Afortunadamente. Pero como algo exclusivo.

Como una práctica tan privada que nadie se plantea dejar a su bebé con otra madre que le pueda dar el pecho, tiramos de sacaleches o le arreamos directamente un biberón.

Y puede que nos estemos perdiendo algo bueno.

¿Dejarías que tu hermana o tu amiga alimentaran a tu bebé con su leche?

Dicho de otra manera: ¿Te daría asco o reparo?

Fuente: http://blogs.20minutos.es/madrereciente/post/2008/06/26/ya-quedan-hermanos-leche

Me he encontrado con esta historia en relacion a los Hermanos de Leche que me gustaría compartir:

Mi padre cuenta que nació muy pequeño, según él pesando medio kilo, y que a mi abuela Dolores le dieron una caja (de zapatos) tras parir para que sirviera para enterrarlo. Era el décimo parto de mi abuela, que ya tenía 42 años, y eran tiempos muy difíciles: 1941. Mi padre explica que mi abuela, matriarca andaluza de muchos recursos (y no precisamente económicos), le dio el pecho hasta los cuatro años, e incluso recuerda el lugar donde le llevaba a mamar ya mayorcito. “Allí en Andalucía, en la aldea, los críos mamábamos mucho, hasta los cuatro o cinco años, no ves que había hambre y no había comida”.
Mi abuela materna, que padece un Alzhéimer ligero, pero que recuerda el pasado a la perfección, me cuenta que mi madre (parida con diez meses, como todos sus hijos) mamó por lo menos hasta el año y medio (y eso que ya vivían en la ciudad). Ella fue lo que se llamaba una madre de leche (en Castelló: mare dida). Relata:“ yo siempre daba de mamar a tres o cuatro. En el pueblo las madres a las que se les cortaba la leche (por un susto, apunta) iban de una mujer a otra para que sus criaturas tomaran el pecho y no murieran”. “Teníamos hermanos de leche”, apunta mi madre, mientras yo reflexiono sobre lo que hemos perdido. “¿Y tenías leche para todos abuela?”, pregunto sonriendo. “Pues claro, ¿no iba a tener?”, contesta rotunda devolviéndome la sonrisa: “Y tu hermana Sara, ¿aún está entera?”…

Fuente: http://elguanterojo.blogspot.com/2008/06/lactancia-materna-trabajo-de-campo.html

Las luchas de poder crean distancia y  hostilidad en lugar de cercanía y confianza. La distancia y la hostilidad crean resentimiento, resistencia y rebeldía (o conformismo con baja autoestima).

La cercanía y la confianza crean un ambiente seguro para el aprendizaje. Puedes tener influencia positiva sólo en una atmósfera de cercanía y confianza donde no haya temor, ni culpa, vergüenza o dolor.

SE NECESITAN DOS PARA DAR LUGAR A UNA LUCHA DE PODER

Nunca he visto a un niño con aires de poder sin un adulto con aires de poder cerca de él. Los adultos necesitan retirarse de las luchas de poder sin ganar o ceder. Necesitamos crear una atmósfera en la cual ambas partes salgan ganando. ¿Cómo? Las siguientes sugerencias enseñan a los niños importantes habilidades incluyendo autodisciplina, responsabilidad, cooperación y habilidad para resolver problemas en lugar de conformarse por necesitar aprobación de manera enfermiza o rebeldía.

1. Decide qué harás.  Te leeré un cuento después de que te cepilles los dientes. Sólo cocinaré en una cocina limpia. Conduciré sólo cuando los cinturones de seguridad estén abrochados. Me estacionaré en la orilla de la carretera cuando los niños estén peleando.

2. Da seguimiento. La clave a seguir aquí y en todas las recomendaciones siguientes es FIRMEZA Y AMOR AL MISMO TIEMPO. (Estacionate en la orilla de la carretera sin decir una palabra. Los niños aprenden más de acciones firmes y amables que de palabras).

3.Tiempo fuera positivo.  Crea un área de tiempo fuera enriquecedora o acogedora (no punitiva) con tu hijo.

4. Para niños pequeños; distracción y mucha supervisión. El castigo disminuye el desarrollo cerebral. Frecuentemente, los niños son castigados por hacer aquello para lo que están programados para hacer de acuerdo con su desarrollo : explorar.

5. Involucra al niño en la creación de rutinas (rutina matinal, tareas, hora de dormir). Después la tabla de rutinas se convertirá en el jefe.

6. Haz preguntas del tipo “Qué” y “Cómo”. “Cómo comeremos si no se pone la mesa? ¿Qué sigue ahora en nuestro cartelón de rutina diaria? ¿Cuál fue nuestro acuerdo acerca de lo que pasaría a los juguetes que nos son recogidos? ¿Cómo te sientes con respecto a lo que pasó? ¿Qué ideas tienes para resolver el problema? (Esta última pregunta no funciona en el momento de conflicto ni funciona a menos que estés realmente interesado en escuchar el punto de vista de tu hijo).

7. Agenda el problema para una reunión familiar y deja que los chicos hagan una lluvia de ideas para encontrar una solución.

8. Usa diez palabras o menos. Una es mejor: Juguetes. Toallas (posiblemente hayan sido dejadas en el piso del baño). Tarea. Algunas veces estas palabras necesitarán ser repetidas varias veces.

9. Haz que los niños se involucren cooperando. Di, “No puedo forzarte, pero realmente necesito tu ayuda”. (8 palabras).

10. Ni una palabra. Usa pantomima, charadas o notas. Intenta una abrazo para crear cercanía y confianza, luego haz algo más.

11. Señales no verbales. Esto debe ser planeado con anterioridad con el niño.  Un plato vacío invertido colocado sobre la mesa de cenar como un recordatorio de que hay tareas que necesitan ser terminadas antes de la cena. Una hoja sobre el televisor como recordatorio de que la tarea debe hacerse primero o de que hay cosas que necesitan ser recogidas en las áreas comunes de la casa.

12. Escucha activamente. Para de hablar y escucha. Trata de entender no sólo lo que tu hijo está diciendo sino lo que quiere decir.

13. Limita las opciones. ¿Quieres hacer la tarea antes o después de la cena? ¿Quieres poner  la mesa o lavar los platos después de la cena?

14. Haz una “rueda de opciones” junto con tu hijo. Dibuja un círculo grande y divídelo en segmentos. Haz una lluvia de ideas con una cantidad de soluciones a problemas. Dibuja ilustraciones por cada solución. En medio de un conflicto invita a tu hijo a elegir algo de la rueda.

15. Inventa un juego: gánale al reloj (o cronómetro), canta canciones mientras haces las tareas.

16. Hazlo CON ellos. Incluso puedes ir al área de tiempo fuera positivo con ellos.

17. Usa tu sentido del humor. Aquí viene el monstruo  de las cosquillas a llevarse a los niños que no recogen los juguetes. Esto crea cercanía y confianza y puede ser seguido de alguno de los consejos anteriores.

18. BONO: ABRAZOS, ABRAZOS, ABRAZOS. Un abrazo es frecuentemente suficiente para cambiar el comportamiento, el de ellos y el tuyo.

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Título original en inglés: 18 Ways to Avoid Power Struggles.

Fuente: www.positivediscipline.org

Traducción al español: www.criaryamar.com en coordinación con Ari Molina, Asociada Certificada en Disciplina Positiva

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