La llegada del Ojanito.

Para celebrar el primer mes de vida del Ojanito Gabriel quería compartir con todos vosotr@s la historía de su nacimiento.

Me ha quedado muy largo, la verdad, pero quería recordarlo con todo detalle, y aún así, seguro que algo se me escapó.

Un beso para tod@s, y gracias por estar ahí.

El 18 de Julio, hacia el mediodía, comienzo a tener contracciones irregulares, que por la tarde se convertirían en regulares durante un par de horas, la primera cada 10 minutos, y durante la segunda hora, cada 5. Yo estoy muy tranquila, pero pienso que quizás se está acercando el momento, porque aquello ya llevaba un rato, aunque no era nada doloroso.

Al cabo de un rato se pasan, y con ello, mi ilusión de que me ponía de parto, aunque era pronto, estaba de 37 semanas justas.

Al día siguiente tenía revisión con la matrona y me ve que ya he comenzado a borrar el cuello del útero, pero no se puede saber cuanto queda para el parto, pueden ser horas o días…Lo que sí, tengo la tensión alta, así que me toca paseo a la residencia.

 

En urgencias nos tiramos 4 horas, desde las 4 de la tarde hasta las 8, el trato deja bastante que desear, me hacen otro tacto, que se podían haber ahorrado, porque llevaba el informe de la matrona, y además hecho a lo burro, sin ningún miramiento. También e hacen análisis de sangre, de orina, y me ponen una vía, por si me ingresan, ya la tengo puesta…Y por último me hacen un PT. Todo está bien, así que me mandan para casa, con antibiótico, para una infección de orina.

 

Seguimos la semana con algunas contracciones más durante todos los dias.

 

El día 16, jueves, quedamos todas en Renedo, dónde me encuentro mal y decido ir a al centro de salud a mirarme la tensión, tenia 15/10, la más alta hasta el momento, asi que de nuevo a la residencia, esta vez me quedo. El protocolo de urgencias es el mismo que la otra vez, eso sí, un poco más rápido, pues llegamos sobre las 8 ó las 9 y no había tanta gente.

 

Esa misma noche, sobre las 5 de la mañana me empiezan a dar contracciones, y cuando me levanto me doy cuenta de que se me va un líquido entre las piernas. Me emociono mucho al pensar que es la bolsa, y que aquello se pone en marcha, pero sólo era flujo, eso si, caía a chorro… Había dilatado 1 centímetro.

 

Pasamos el viernes y el sábado, entre contracciones, que cada vez son más dolorosas, aunque se llevan bien. Paseo por el pasillo, intentando adelantar el momento del parto, para salir de allí cuanto antes. Pero las enfermeras no me dejan caminar mucho, porque subo la tensión, así que tengo que reposar.

 

Un par de veces, la tensión me sube bastante, y me dan un valium, para descansar mejor por la noche, pero en ningún momento me llegan a dar medicación para la tensión.

El sábado por la noche, después de un día movidito de contracciones, comienzan a ser regulares. Comenzamos a contarlas a las 11 de la noche. Llamamos a la enfermera sobre las 12 y viene la gine de urgencias a mirarme, sólo estoy de 2 centímetros, me dice que me lo tome con calma. Intento relajarme, aunque se hace difícil, cuando estás en un hospital y tienes compañeros de habitación que intentan dormir, porque al día siguiente tienen una inducción…

 

Me pongo mi música que escuchado durante el embarazo, y me meto en mi mundo. Me levanto de la silla en la que estoy sentada con cada contracción y me apoyo en la cama respirando e intentando controlar los dolores que cada vez son más intensos y se me están yendo hacia los riñones.

 

La enfermera viene de vez en cuando a ver como sigo, y David y María se vana otra habitación a dormir, con lo que por lo menos nos quedamos solos, y ya no tienes la cosa de estar molestando a nadie.

 

Sobre las 3 ó las 4 de mañana llamamos a la ginecóloga de nuevo, porque a mi se me está haciendo muy doloroso y cansado, a ver como va la dilatación, y sigo de 2 centímetros!!! Me ofrece bajarme a partos y ponerme oxitocina y la epidural, para que fuese más rápido. A mi aquello me coge por sorpresa y muy cansada y dolorida, pero no me convence, la digo que me lo voy a pensar un poco, y hablo con Iván. Al final lo deshecho y le entregamos a la enfermera una copia del plan de partos que tenemos y que ya habíamos presentado 2 veces, pero por si acaso.

 

Seguimos esperando y aguantando como puedo, hasta las 5:30 más o menos, donde ya no aguanto más y las llamo y las digo que me bajen a partos a la desesperada, pero para mi sorpresa ya estaba de 3 centímetro, lo que se considera que ya estas de parto. La ginecóloga me informa de que ha leído mi plan de parto y que si me pongo la epidural , se me va el plan de parto al garete, porque ya nada de moverse ni historias de esas.

 

Llamo a mi madre, para decirle que la cosa se ha puesto en marcha, pero que no tengan prisa, que va despacio.

 

Me bajan a partos y nos encontramos con nuestra vecina de arriba, que casualidad, yo ni idea de que trabajaba allí. Nos llevan a hacernos el partograma, huellas dactilares, firmas… me dan otro camisón y me mandan quitarme toda la ropa.

 

Iván se va 5 minutos a llevar las cosas al coche, porque teníamos un montón de cosas en la otra habitación y vuelve enseguida. Nos llevan a la habitación de dilatación, es bastante pequeñita, pero está bien, tiene baño, pero no tiene ducha, que yo tenía entendido que tenían ducha…

 

Marta, la matrona que me atiende, me pregunta que cómo es que presenté plan de parto, si ya no hace falta, que con decir como quiero mi parto según llego ya vale…Ella me lo dice de buen rollo y de hecho me anima a que intente seguir sin epidural, y me pregunta si quiero la pelota de dilatación, a lo que acepto de muy buen grado. Manda marcharse al anestesista, que andaba por allí, así que continúo sin epidural, que al fin y al cabo era lo que yo quería.

 

En todo este tiempo las contracciones me han dado un respiro y me encuentro más descansada, éstas se han vuelto irregulares, lo que pienso, significa, que la cosa se ralentiza. La verdad es que la pelota me sirve de gran alivio cuando llegan las contracciones, las hay más llevaderas y otras muy dolorosas, pero con la pelota, desde luego, se aguantan mejor, ya que la zona lumbar se relaja.

 

Hacia las 7:30 empiezo a estar desesperada otra vez, por el dolor, y comienzo a pensar en la epidural de nuevo. Espero a que venga Marta y me diga como sigo. Viene sobre las 8 y me dice que estoy de 3 cm!!! ¡Madre mia, esto no avanza! Si rompo la bolsa serían 4 cm, porque el peque posaría la cabeza.

 

Me habla de la posibilidad de romperme la bolsa, a mi no me hace mucha gracia, y en ese momento, mientras está haciendo el tacto, me viene una contracción y ploff!! Se rompe  la bolsa. Pues mira, ya estoy de 4 cm!

 

A mi psicológicamente me mina pensar todas las horas que llevo y el poco trabajo que he hecho, por no decir lo que me queda, y estoy tan cansada que me da miedo no tener fuerzas para el expulsivo, así que les pido la dichosa epidural…

 

Hay cambio de turno, y viene Lidia, mi vecina con la matrona que me va atender en lo que me queda de parto, se llama Virginia y es muy dulce, me inspira confianza.

Me llevan a paritorio para ponerme la epidural. Este es el único momento en el que Iván no se encuentra conmigo. Al pobre se le debió hacer eterno, porque nos dijeron que tardaría 2 minutos y tardé como 15. No sé muy bien que es lo que pasó, pero tardaron mucho y yo lo pasé fatal, entre el miedo que me daba ponérmela y la mala suerte que tengo para estas cosas… además había una enfermera que me agobiaba un montón, con un tono de voz muy fuerte y hablándome constantemente:

–         “No te muevas nada”.

–         “Pero a ver, ¿que te duele?”

 

Y así un sin fin de cosas que encima pretendía que yo la respondiese… estaba yo como para responder! Con la cabeza agachada metida en mi pecho, y que además ella empujaba energéticamente hacia a bajo, y las contracciones que me daban, y el dolor de la dichosa epidural…QUE HORROR!! Tenía ganas de lanzarla un puñetazo!

No digo yo que la mujer lo hiciese con mala intención, pero desde luego no eran maneras para la situación en la que me encontraba y a mi me puso muy nerviosa, tanto, que cuando me llevaron de nuevo a la sala de dilatación, me mando cambiarme de cama:

 

-“Corre, subete a la otra cama!”

 

Y yo que ya no tenía la cabeza metida en mi pecho la solté:

 

-“Qué ya voy, hombre, ya voy!!!”

 

Jajajaja, los demás se quedaron con cara de poker. En cuanto salió de la habitación, ya les dije a las matronas y a los anestesistas:

 

-“Esa tía es una petarda, me ha puesto muy nerviosa!”

 

Iván les decía que es que yo tengo un poco de mala leche…

 

Bueno, a partir de aquí empieza realmente mi suplicio. Una vez que te pones la epidural, no tienes casi ni voz ni voto.

 

Me pusieron monitorización interna, porque me tuvieron que colocar de lado, para que el niño se girase y se encajase, y con la monitorización externa se perdía el latido.

Yo les dije que no, que no quería, pero la matrona al ver que se perdida la señal,  me dijo que no podía ser, que con la epidural era necesario tenerle controlado en todo momento.

 

La postura que me pusieron en la cama tumbada de costado no ayudaba nada a mitigar los dolores de las contracciones, no recuerdo apenas espacio entre unas y otras, era un dolor constante que me doblaba. La epidural no hacia efecto, las matronas estaban muy extrañadas porque no me aliviaba nada el dolor. Cuando me hacían los tactos me lavaban con suero, y me preguntaba si lo notaba caliente:

 

-“Pues no, está frió”

 

Y se miraban la una a la otra con cara de extrañeza. Cosa que por cierto a mi me preocupaba, porque además empecé a notar que la que me dormía era yo, se me cerraban los ojos y apenas podía sostenerlos abiertos. Para mi era una sensación muy mala, como si no controlase para nada la situación, aunque ellas me decían que no pasaba nada, que me relajase y que intentase dormir, dormir??!! Pero si estoy de parto, como me voy a dormir!!!

 

Al rato vinieron con otro anestesista, para mirar lo de la epidural, él me ponía un algodón en la cara que estaba mojado, y me preguntaba que como lo notaba, y yo le decía que frió, y al pasármelo por las piernas me volvía a preguntar, pues frío también.

Y se miraba con las matronas…me metió otra epidural, a lo que yo le decía que no, que no me pusiese más, que la que me dormía era yo, pero me la puso, aunque tampoco me hizo efecto.

 

En cuestión de poco tiempo yo le estaba gritando a Iván que las llamase, que tenía muchas ganas de empujar, y él me decía que tenía que esperar, que le habían dicho que la cosa iba para largo y que tenía que tranquilizarme. Pero le insistí y las llamó.

Para sorpresa de todos estaba ya de 9 cm, me hicieron pujar, para ver que tal lo hacía, me dijeron que genial, que nos íbamos a paritorio!!! Iván pudo ver como descendía la cabecita de Gabriel.

 

Una vez en paritorio, como por arte de magia, se me disipó todo el  cansancio que tenía acumulado y me centré en mi pequeño que ya quería salir. Me colocaron en la cama de partos que no recuerdo muy bien como era, pero sé que me pusieron los pies en unos topes, para estar más cómoda y un arco a la altura de mi barriga donde colocaron una tela a la que me agarraba haciendo fuerza para pujar, digamos que era como si hiciese abdominales.

 

El expulsivo fue lo mejor para mi, lo noté todo, de lo que me alegro muchísimo, porque al fin y al cabo era lo que realmente quería. Su cabecita descendía y se abrió paso en apenas 3 empujones, noté como salió y en el acto le oí llorar, ya estaba sobre mí. Eran las 10:40 de la mañana del 26 de julio de 2009.

Fue impresionante, pero la emoción creo recordar, me duró décimas de segundos, porque me pusieron un catéter para orinar y duele!! La placenta no tardó nada en salir, y les dije que me la enseñaran, muy bonita, jajaja. Y después los puntos, que también dolieron lo suyo.

 

Al final me hicieron una pequeña episiotomía, porque tenía el periné muy tenso y me podía haber desgarrado bastante. Fue lo que menos me dolió cuando me lo hicieron, aunque lo sentí, pero claro, coincidía con la salida de la cabeza, así que apenas dolió.

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