LOS PRIMEROS PURÉS

Una vez que tu hijo acepte los cereales, podrá empezar con las papillas. Este es un pequeño manual de uso para saber en qué momento introducir la carne y el pescado, la fruta y el huevo.

Cambios en su vida
Verle comer su primera papilla es uno de los numerosos recuerdos que tendrás de tu hijo. Quizá el que abra la boca y acepte la cuchara para probar nuevos sabores no sea lo único a lo que se enfrente ahora. Su manera de comer también será distinta. Pasará del calor del pecho o de la tetina del biberón a la cuchara y de succionar a comer con la lengua y el paladar.

Tras experimentar con los cereales llegará la introducción de la fruta en la dieta, en el quinto a sexto mes. Quizá el pediatra quiera que primero pruebe la verdura y la carne. Vosotros marcaréis la pauta. En general, este es el orden después de que haya probado la fruta:

Verdura.

Las sopas y los purés de verdura tienen un alto contenido en fibra, un elemento que cumple una importante función en el desarrollo de tu hijo. Comienza con dos variedades: el calabacín y la zanahoria, por ejemplo. Dos días después puedes añadir otro tipo: acelga, espinaca, apio o lechuga. No temas tampoco darle a probar un puré con ajo, cebolla e incluso un poco de aceite de oliva. A la sopa se le puede poner una o dos cucharaditas de pasta de pequeño tamaño, crema de arroz o sémola. Prepara la verdura cocida al vapor, a menos que uses caldo vegetal para cocerlas, para que no pierda sus nutrientes.

Carne y pescado.

Cuando tu bebé tenga siete meses es tiempo de introducir la carne y el pescado, ricos en vitaminas, sobre todo en hierro. Pollo, pavo, buey, ternera, conejo, cordero, bacalao, merluza, trucha y atún ya tienen que formar parte de su dieta. El pescado tiene que ser muy fresco o congelado, ya que asegura una mayor seguridad higiénica. El método de cocción también debe ser el vapor y para ello la olla a presión es la mejor solución. Después, se tritura y se añade a las verduras; o puedes hacer albóndigas.

Huevo.

Al final del octavo mes hay que empezar a darle una cucharadita de yema de huevo cocido, aunque algunos pediatras retrasan este momento hasta los 12 meses. Si tu bebé no sufre alguna reacción en 48 horas, puedes darle otra cucharadita en días alternos, cada vez más cantidad, hasta llegar a la yema entera. La clara se la puedes dar más adelante, ya que es la que más alergias produce.

Purés listos para tomar
Son perfectos para cuando se tiene prisa, estáis fuera de casa o de viaje. Estas son sus ventajas:
– La calidad de estos productos es muy alta, ya que los ingredientes con los que se elaboran pasan estrictos controles.
– No se utilizan productos químicos en su preparación, ni aditivos, ni conservantes y los recipientes que se utilizan se envasan en recipientes herméticos. Siempre hay que oír el característico “pop”, para comprobar que no tiene aire.
– Las recetas son equilibradas, los sabores y texturas se escogen según la edad del bebé.
– Los purés de frutas tienen bajo contenido en azúcar y los de verduras, carne y pescado no tienen mucha sal.

¿Y si no le gustan?
Si tu hijo no está preparado para dar el gran paso con la cuchara, es mejor no insistir. Espera unos días a que se acostumbre y vuelve a intentarlo. Déjale que meta las manos en el plato, que descubra la textura, hasta que acepte los nuevos alimentos. Poco a poco encontrará su propio ritmo y dejará la alimentación láctea para acostumbrarse a una dieta completa y variada.

Ten en cuenta también que la monotonía puede hacer mella y no es raro que a tu bebé le gustara el puré al principio y ahora lo rechace. Es cuestión de variar entonces el modo de preparación: con crema de arroz, con queso rallado, con un chorro de aceite de oliva, etc.

Si no le gustan la carne y el pescado, mientras se vaya acostumbrando, puedes darle alternativas: huevo, legumbres; si ya puede comerlos, y, por supuesto, la leche. Respeta también sus gustos, aunque en general los bebés suelen preferir los sabores dulces a los amargos. En ese caso, si rechaza el puré sistemáticamente elimina la lechuga, las alcachofas y el tomate, por ejemplo, que son alimentos que pueden dar un toque amargo a la preparación.

Hay que tener muy claro que esto es un pequeño manual, simplemente unas pautas. Nadie mejor que tú para saber si tu hijo está preparado o no para introducirle determinados alimentos.

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