Porque SI puedo dar el pecho

Lo único que yo sabia, la única experiencia que me habían contado sobre la lactancia, me la dio mi madre, me dijo que ni mi hermano ni yo habíamos tomado pecho, jamas… me dijo que el dolor era tan horroroso, que se desmayaba, y una enfermera tuvo que quitarnos de sus brazos.
Yo como todas, estudié bastante el tema. Lo miré en Internet, compré libros, mi suegra que dio el pecho a sus 3 hijos me habló de sus complicaciones y sus beneficios… y yo como otras cosas relacionadas con la maternidad lo tenía muy claro. Iba a dar el pecho. No compré ni leche, ni biberones, ni tabletas esterilizadoras, ni nada de eso. Tenía contracciones desde el 6 mes, hipertensión, me amenazaban con que el parto se adelantaría, y yo me apresuré a coger mis sujetadores de lactancia, mis discos… todo metido en la maleta para cuando tuviera que correr al hospital.
Una mañana lluviosa de septiembre, rompí aguas sola en casa. Eran las 7, estaba en la semana 37; mi marido acababa de salir a trabajar, y tuve que llamarle para que volviera. La dilatación y el parto, me los guardo para contároslo otro día. Mi niña nació a las 9 y 20 de la noche, sin cortar el cordón, la pusieron sobre mí. Ella lloraba, yo también, la puse en medio de mi pecho, y aunque quería ponerla al pecho, no sabía como, la emoción me inundaba, y no pude mas que hablarle entre lágrimas y risa nerviosa.
Las 2 teníamos mas de 38 y medio de fiebre. Muchas horas con la bolsa rota, nos dieron antibiótico a las 2, y me dijeron que tenían que llevarla a neonatos, y allí la acompañó su padre, para que no se sintiera sola, mientras acababan de darme puntos. No me dejaron ir a verla, por los puntos, y mi princesa se durmió en los brazos de su papi… A las 5 de la mañana, andando, a pesar de que las enfermeras me lo había “prohibido” me fui a verla. Dormía profundamente, y allí estuve, sentada en neonatos hasta las 8 de la mañana, en que la vio la pediatra y la bajaron.
Ahí comenzó el problema, porque aún no me había subido la leche, ponía a la niña al pecho, mamaba unos minutines y se dormía. La compañera de habitación recibía visitas sin parar, a mi me incomodaba dar la teta delante de desconocidos, me iba a la sala de lactancia, y las enfermeras me echaban la bronca, porque iba a coger frío. La niña tenía gases, y se despertaba llorando, las enfermeras me decían que la leche no subía, que habría que darle un biberon, yo lloraba de impotencia, y también las hormonas me ayudaban a parecer una pobre niña sin consuelo.
Mi marido y mi suegra me animaban, uno desde su posición de compañero, y otra desde la experiencia de madre, a no darme por vencida. Las enfermeras me apretaban el pecho, amenazaban con subida de leche y mastitis, y yo agotada decidí pedir el alta. Me avisaron que en casa estaría sola, sin sus “sabios” consejos, pero a mi me dio igual. La ginecóloga me ayudó al argumentar que las pastillas para cortar la leche (antes de que subiera) estaban contraindicadas para mi hipertensión, y la pediatra me animo a intentarlo en casa, sin presión y con tranquilidad.
Al llegar a casa, recuerdo haber tomado unos mates (una infusión típica de argentina) , subir con la niña a la habitación, y al ponerla al pecho, una fuente de calostro me cogió por sorpresa. Mi desconcierto y mi emoción eran el mejor regalo para mi recién estrenada maternidad!
Una amiga tuvo una niña muy pocos días después, y compartimos tardes de mate y tele, con nuestras niñas. 10 meses, con sus altas y sus bajas, pero sobre todo con una gran satisfacción personal.
Por todos los que me dijeron que si mi madre no pudo, yo no podría.
Por todos los que me dijeron que la leche se me cortaría.
Por todos los que me dijeron que la leche materna no alimentaba.
Por todos los que me dijeron que sería “esclava” de mi hija.
Por todos los que día a día, con mitos y prejuicios animan a muchas familias a dar la bendita “ayuda” hasta conseguir el destete.
Mi hija poco a poco, perdió el interés por la teta, la utilizaba para dormir, y yo dejé que fluyera como ella quisiera… hasta que lo dejó. Yo me sentí un pelin triste, no lo voy a negar, pero también feliz de no haber forzado algo que la naturaleza hace solo. Porque la naturaleza es muy sabia. Porque somos mamíferos, y salvo casos muy específicos como :
Medicación
Casos de reducción de pecho
Un disgusto muy fuerte (casos de perdida de un familiar, etc)
Todas podemos dar el pecho. Podemos dar el pecho aun sin tener hijos. Animo a quien tenga intriga estudiar los casos de adopción donde las madres adoptivas dan el pecho, o podéis ver la película “Como agua para el chocolate”.
No os voy a hablar de los múltiples beneficios, porque seguramente otra compañera los halla comentado mejor que yo. Beneficios para la madre y el niño. Físicos y emocionales. Yo quiero desterrar los tópicos, que llevan a las mujeres a decir “Daré el pecho si puedo”.
Porque la realidad, y mi caso lo ilustra bien, es “Daré el pecho si quiero”. Porque el 60% de la lactancia es paciencia, y el resto es SABER que PUEDO dar el pecho a mi hijo. Nadie puede comenzar una carrera pensando que llegará en el ultimo puesto. Necesitamos empezar a correr, no solo dándolo todo, si no completamente convencidos que ganaremos.
Con la lactancia pasa lo mismo. A mi no se me cruzó por la cabeza que no podría. Ni que mi pecho era pequeño, ni que mi hija venía antes de tiempo. Estaba completamente convencida de que mi cuerpo era sabio, y haría lo que tenía que hacer. Porque a los gatitos, a los perros, a las vacas! nadie les pregunta si pueden. Es parte de su naturaleza… y de la nuestra!
He visto mujeres con pezones invertidos, cesáreas, casos de operaciones de pecho, bebés prematuros… he visto muchas mujeres luchar por su lactancia y salir vencedoras.
Y cuando tienes a tu niño despertándose, y de tu pecho ya sale leche, porque tu cuerpo ya sabe que tu hijo te necesita. Cuando el bebé mama hasta quedar dormido, saciado de amor, calor y alimento. Cuando te busca en la oscuridad de la noche, o cuando te mira a los ojos mientras come, con una sonrisa que te enamora… sabes que has ganado, y que es un regalo para toda la vida… aunque es difícil saber quien lo da, y quien lo recibe.
Este testimonio se lo dedico a todas. En especial a Edith, que está luchando por sacarlo adelante. Merece la pena wapa!!!

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3 pensamientos en “Porque SI puedo dar el pecho

  1. “Cuando el bebé mama hasta quedar dormido, saciado de amor, calor y alimento. Cuando te busca en la oscuridad de la noche, o cuando te mira a los ojos mientras come, con una sonrisa que te enamora… sabes que has ganado, y que es un regalo para toda la vida… aunque es difícil saber quien lo da, y quien lo recibe”… Qué bonito Baby! Qué razón tienes en todo el escrito… Qué recuerdos tan emocionantes!

    Me parece genial dedicárselo a Edith, para que se sienta segura y se escuche a sí misma… Sin más: Si quieres, puedes!!!

    Gracias Baby por contarnos tu experiencia y felicidades por tu lactancia feliz!!!

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