La lactancia como aliada de las madres trabajadoras

Por Ileana Medina Hernández, del blog Tenemos Tetas

Las mujeres de hoy que no tenemos más remedio que incorporarnos a trabajar cuando nuestros hijos aún son bebés, necesitamos más -y no menos, como a veces parece- tirar mano de la lactancia materna, del colecho y de los recursos de la crianza natural para criar a nuestros hijos.

Está claro que los cachorros humanos necesitan mamar y permanecer junto a su madre los primeros meses de vida, y que mientras más tiempo, brazos y cuerpo podamos dedicarle cuando son bebitos, más seguridad, autoestima e independencia ganarán para el futuro.

Pero si -por las razones que todos conocemos de este mundo laboral creado por y para hombres- nos vemos obligadas o deseamos incorporarnos al trabajo (por las razones que sean, únicas para cada familia) la teta y el colecho pueden ayudarnos a mantener ese vínculo afectivo especial, a compensar en algo las largas horas de separación, a ofrecer un “premium” de calidad en la crianza, a ofrecer sesiones intensivas de mamá tras el reencuentro.

Creo que precisamente la “vuelta a la teta” y la reivindicación del paradigma de la crianza natural, es consecuencia de la incorporación de las mujeres al trabajo. Somos las mujeres trabajadoras quienes más necesitamos encontrar un estilo de crianza que nos permita mantener y sostener el vínculo afectivo seguro con nuestros bebés, a pesar de la jornada laboral diaria donde ambos permanecemos separados.

Reivindicar UNA BAJA MATERNAL más larga, de al menos seis meses, es imprescindible. Desde mi punto de vista, la medida política más importante que puede tomar cualquier gobierno hoy en dia.

Ello nos permitiría cumplir con la recomendación actual de ofrecer lactancia exclusiva hasta los 6 meses, y además permitiría que nuestros bebés no tengan necesidad de tomar biberones. Como todos sabemos, son los biberones los que se cargan la lactancia. Si podemos permanecer ofreciendo sólo pecho hasta los 6 meses, a esa edad, cuando nos marchemos a trabajar, ya los bebés pueden comer en nuestra ausencia papillas, cereales, verduras,  frutas y otros alimentos con las manos o con cucharilla, sin necesidad de introducir biberones. Luego, cuando nosotras llegamos, se resarcen tomando pecho a demanda todo el resto del día y la noche, lo que quieran. Así, la lactancia puede mantenerse todo lo que el bebé y la madre deseen.

El sacaleches en la oficina es una buena solución, sobre todo cuando nos incorporamos antes de los 6 meses, o cuando nuestra jornada laboral es muy extensa. Yo nunca me llevé muy bien con ese aparatejo, porque pude incorporarme cuando ya la bebé tenía 7 meses y eso fue lo que hicimos: tomaba otros alimentos en mi ausencia y el resto del día, teta de mamá. Pero hay mujeres que se convierten en verdaderas expertas en utilizarlo. En este folleto de la asociación Amamantar Asturias, encontrarás algunas pautas útiles para la extracción de leche materna y en general para lograr compatibilizar la lactancia con el trabajo.

Para amamantar por la noche, y a la vez poder descansar para el día siguiente ir a trabajar, el colecho (compartir nuestra cama con el bebé) es una buena solución. Los niños se despiertan mucho menos cuando sienten nuestro cuerpo calentito a su lado, maman y ni nos enteramos, y son horas de “afecto” que ganan, seguridad emocional que invertimos durante toda la noche, y que permite que la separación por el dia sea más llevadera para todos.

Si seguimos amamantando, los bebés se enfermarán mucho menos al entrar en guarderías o quedarse con otras personas, les protegemos con nuestros anticuerpos y con nuestra dosis extra de teta, de amor y de cuerpo materno.

Los bebés son esponjas, agujeros negros de amor, recipientes que necesitan llenarse de caricias y de contacto físico para crecer seguros y sanos. Ellos sólo pueden comprender el amor desde nuestra presencia, envueltos en nuestra piel. La mejor inversión que podemos hacer para su futuro es el tiempo y el contacto físico que les dediquemos.

Si por las razones que sean, debemos perdernos parte de ese tiempo, las herramientas de la crianza con apego son aún más necesarias. Lo mismo sucede con los menores adoptados: con ellos todavía es más necesario invertir corporalidad, compañía nocturna, brazos, abrazos, lactancia materna inducida o espontánea… para recuperar el tiempo que nos hemos perdido y construir el vínculo de apego seguro, que no pudimos construir desde el embarazo y el nacimiento a base de oxitocina y prolactina.

“El trabajo nunca ha sido un problema ni un impedimento para vincularnos con los hijos. Simplemente, para muchas mujeres, el trabajo se ha convertido en un refugio, un lugar donde nos sentimos mejor, porque no nos requiere tanto compromiso emocional. Entonces, colocamos al trabajo como un obstáculo para la crianza amorosa de los niños pequeños”, dice Laura Gutman.

La Liga de la Leche ha publicado en pdf un libro precioso, Las Hijas de Hirkani,  que cuenta la historia de muchas mujeres de diferentes países y muy diferentes profesiones que “escalaron montañas para combinar amamantar y trabajar”. En realidad, las mujeres hemos trabajado toda la vida, y también lo hacen hoy día en casi todas las culturas, incluidas aquellas que son mucho más respetuosas con la naturaleza que la nuestra:

“Hace millones de años que las mujeres combinamos lactancia materna y trabajo. Cuando uno sale de las grandes ciudades del mundo y vuelve a lo que fue la vida antes, una puede observar: mujeres lavando ropa en los ríos con sus niños amamantados y cerca de ellas; mujeres que cortan leña con un niño en la espalda y quizás otro en el pecho; mujeres que hacen pan o tortillas con los hijos jugando y participando de la vida familiar; mujeres que plantan legumbres en el campo también con sus hijos por ahí… pechos al viento, brazos a la obra. ¿Te suena familiar?

El cambio más grande y profundo es que madres e hijos se separaron. Ahora parece que trabajar y estar con los niños no fueran compatibles. Se produjo una ruptura. Además, como para separar más las relaciones, a muchas madres les dicen que para volver a trabajar tienen que comprar leche no humana y hacer biberones. Esto no es cierto y aquí tendrás muchos testimonios de madres que lograron trabajar fuera del hogar y amamantar a sus hijos.

Para lograr mantener el vínculo madre e hijo se construyó toda una estrategia que permite que las madres sigan proporcionando leche materna. Dejar su leche es como dejar un poco de sí mismas. Esto por supuesto es muy beneficioso para los niños pero también para la madre: le alivia un poco la culpa de alejarse. Y le asegura una manera de reencuentro al final de su jornada de trabajo.”

Cambiemos todo lo que tengamos que cambiar, en nosotras mismas, en nuestras familias, en nuestro entorno, en nuestros centros de trabajo y en nuestra sociedad para que así sea.

Amamantar y trabajar no sólo es posible, sino imprescindible para construir una sociedad más libre y más bondadosa, donde tanto los derechos de las mujeres como los derechos de los bebés sean respetados.

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