¡SEGREGUEMOS OXITOCINA!

El sábado por la noche el cuerpo me pedía descansar. Me acerqué a casa de unas amigas, donde se reunían mas conocidas a pasar el rato. Una típica reunión de mujeres hasta ahí todo normal. 3 de ellas no tienen hijos, 2 de nosotras si. Ante mi avanzado embarazo surgen conjeturas y preguntas lógicas, dudas de mujeres que aun no han pasado por esta experiencia.

Yo creo que las mujeres nos debemos las unas a las otras un poco de sinceridad. Que a veces parece que no tenemos tabúes para hablar de cosas corrientes, pero cuando nos toca dar un legado real de cómo son las cosas mas importantes de la femineidad , perdemos perspectiva. La otra mujer tiene nada mas ni nada menos que 4 hijos. Lo que contó sobre la maternidad, el parto y la lactancia, dejó heladas a las otras 3. Frases como “Parir duele, y si no puedes parir con dolor es que no puedes parir” “La lactancia es dolorosa, no es un momento bonito como lo pintan” llevo oyéndolas de mas bocas de las que me gustaría. La imagen de la televisión, o de las películas, de romper aguas es por demás dantesca. Litros de liquido amniótico bajando escaleras, dan a las mujeres una tensión y un miedo infundado aterrador.

Secuencias de partos mecanizados de mujeres tumbadas, asustadas a merced de un gran equipo médico, se asemeja bastante a una operación a corazón abierto. Es imposible no asustarse ante menudo panorama. ¿Qué imagen damos realmente al resto de las mujeres? Mas veces hablando de la lactancia comentamos que es como una carrera de fondo, en que no se puede ganar si se va pensando que no se puede acabar. Tengo la sensación de que con el parto pasa lo mismo. Que las mujeres tenemos la responsabilidad de ser sinceras con las demás, y quitar un poco de dramatismo al asunto. El otro día mi ginecólogo me comentaba en cuanto al plan de parto que priman 2 cosas. El respeto al paciente, y el sentido común. Según me decía, lo que yo veo normal no lo ven tan normal la mayoría de las mujeres que pasan por manos de la seguridad social. “¿Sabes cuanta gente entra clamando la epidural? ¿sabes cuantas mujeres gritan por una cesárea creyéndose completamente incapaces de parir?” Y la verdad es que es una triste realidad.

Mientras desde muchos ámbitos de la sociedad, algunos profesionales y familias abogan por un parto mas natural, por el respeto a un proceso fisiológico más, otros sectores se emplean a fondo por seguir asustando. Hace algunos meses, una chica de unos 20 años me pedía que me sentara cuando yo llevaba mucho rato en reposo. Al decirle que estaba bien me respondió “Yo te trato como me gustaría que me trataran a mi cuando este embarazada… como si estuviera enferma”.

El embarazo es un momento mágico en la vida de una mujer. Sentir como el bebé se mueve dentro nuestro cuerpo, se mece al compás de nuestro andar, crece y se abre paso durante 9 meses.

El parto es único. Aunque no sea tu primer hijo no es igual al anterior. A veces lleva más o menos tiempo, a veces necesita más o menos ayuda, pero nuestro cuerpo sabe perfectamente que hacer. Si nos dejan buscamos una posición cómoda, nos apoyamos en nuestra pareja o acompañante. Respiramos hondo, y sentimos con cada contracción, que no son más que achuchones que nuestro cuerpo le da a nuestro bebé para limpiarlo de liquido amniótico y ayudarle a salir, el momento de ver por primera vez a nuestro hijo está mas cerca. Sabemos empujar, sabemos sentir, sabemos dejarnos llevar al planeta parto y ser mamíferas, como todas las demás.

Al salir, es increíble lo perfecto del cuerpo humano. Un pequeño bebé con pestañas, uñitas, la naricita de su madre, los labios de su padre. Ha estado dentro nuestro y ahora en el exterior, nos cuesta creer que le albergáramos en nuestro vientre.

Y en la lactancia, tenemos la oportunidad de brindar alimento, defensas, calor, contención y consuelo a ese pequeño ser que solo necesita que sigamos cuidando de el. Que sigamos conteniéndolo, escuchando los latidos de nuestro corazón, meciéndose con nuestros pasos, como lleva haciéndolo desde que ha latido su primera célula.

 Las mujeres deberíamos confiar en nosotras.

Pero llevamos tantos años oyendo el clamor popular de lo “terrible” en algo tan hermoso. Dejándonos asustar por personas que han tenido malas experiencias, complejos de mártir, o simplemente poca empatía.

 No quiero decir que desgraciadamente a veces no halla complicaciones y esas complicaciones cada uno las vive a su manera. Si no que tenemos la obligación de entender que efecto tienen nuestras palabras sobre el desconocimiento de los demás.

De cara al parto es sabido que cuando una mujer segrega adrenalina, no puede segregar oxitocina, que es la hormona fundamental para las contracciones. La adrenalina es una hormona de acción, en respuesta a una situación de peligro;

 Ante las situaciones de riesgo, las glándulas suprarrenales secretan la adrenalina, la que relaja la musculatura de las vías respiratorias para permitir que ingrese más aire a los pulmones; estimula al corazón y lo hace latir más rápido y con más fuerza; las pupilas se dilatan para que aumente la capacidad de observar; la velocidad de la respiración aumenta y el sistema digestivo se retarda de manera que entra más sangre a los músculos, los cuales se tensionan y aumenta la presión arterial.

La adrenalina nos ayuda a escapar en una situación de peligro, es una respuesta innata al miedo. Pensemos detenidamente en esto. Pensemos en una mujer de parto, o si se quiere en un gatito.

¿Qué creéis que quiere o necesita una mujer al dar a luz? ¿Salir corriendo? ¿O estar tranquila, respirando profundamente y en calma? ¿No buscan todos los animales un sitio seguro, cálido y tranquilo para traer al mundo a sus crías?

“Cuando alguien confía en ti, los niveles de oxitocina aumentan y la persona con altos niveles de esta hormona tiende a ser más generoso lo que a su vez lo hace mucho más confiable en los ojos de los demás. En otras palabras, la confianza genera oxitocina y la hormona estimula la generosidad y los lazos entre las personas”(http://www.sindioses.org/noticias/oxitocina.HTML)

Si hemos tenido una buena experiencia, transmitámosla. Hagamos que los demás se sientan seguros. Es esperanzador. Si hemos tenido una mala experiencia, seamos generosos. Confiemos en que aquellos con quienes hablamos pueden tener una buena experiencia. Segreguemos confianza, segreguemos generosidad…¡SEGREGUEMOS OXITOCINA!

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4 pensamientos en “¡SEGREGUEMOS OXITOCINA!

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